27 El varadero de San Francisco.
Con el propósito de construir un varadero o astillero, adquirí unos terrenos vecinos a las
instalaciones de Maraven en San Francisco, área al sur de la ciudad de Maracaibo.
Costó bastante hacerse de todo el terreno porque ahí vivían unos pescadores a quienes
hubo que comprarles susnpequeños predios uno por uno, lo que se hizo a traves de
interpuestas personas para evitar que aumentaran artificialmente el precio de los ultimos
paños.
Una vez que en poder de todos los terrenos empecé a moverme para conseguir que
nuestra empresa Koyaike fuera invitada a una licitación para la fábricación o reparación de
las enormes grabarras que desarrollaban diversas tareas de construcción marítima en el
lago de Maracaibo.
Al cabo de algún tiempo se logró que Koyaike fuera invitada a una licitación para la
reparación de 12 gabarras en el plazo de un año.
La oferta de Koyaike fue la de precio más bajo en esa licitación, a pesar de lo cual para
conseguir que le dieran el contrato fue necesario pagar 100,000 dólares a un alto
ejecutivo de la industria petrolera. La entrega del dinero se hizo en un maletín que llevó el
administrador de Koyaike en Maracaibo hasta una habitación en el Hotel del Lago en la
que lo esperaba el ejecutivo de Lagoven.
Años después nos enteramos que seguridad de Lagoven me tenía montada una cacería y
que era yo quién esperaban que apareciera con un maletín con dinero. El plan era
seguirnos hasta encontrarnos al ejecutivo y a mí y hacernos presos. Lamentablemente
para sus planes nunca me presenté en el Hotel del Lago.
Una vez firmado el contrato fue necesario encarar el problema de que no teníamos un
varadero para sacar las doce embarcaciones que era necesario reparar en un plazo de
doce meses.
Entonces hice el plan de trabajo para construir el varadero en un plazo de un mes, lo que
era absolutamente irracional porque un varadero con esas complejidades y características
se construye normalmente en un plazo de 18 a 36 meses.
La obra incluía fabricar e hincar alrededor de 700 pilotes. También exigía sanear un área
importante del lago, área que tenía que ser rodeada de espigones. Exigía la construcción
de varios enormes carros de acero inoxidable sobre los cuales se apoyarían las gabarras a
ser sacadas del agua y subidas a tierra. También exigía tener un Winche de grandes
dimensiones y los numerosos equipos y obras complementarias necesarias para dar
apoyo a la reparación de las gabarras.
El mismo día que se suscribió el contrato, desde una embarcación un grupo de
especialistas en mecanica de suelos comenzó a hacer un levantamiento del fondo marino
y el estudio del suelo bajo el lago. En la playa y de pié diseñé preliminarmente los pilotes y
éstos se empezaron a fabricar ese mismo día. Al día siguiente se estaba vaciando el
concreto de los primeros pilotes y a la semana siguiente, una vez que se tuvieron los
resultados del estudio de suelos del fondo marino rediseñé los pilotes para hacer que
aquéllos aun pendientes de fabricar fueran más económicos.
En términos gruesos era necesario secar un área del lago equivalente a dos canchas de
fútbol, para lo cual el plan era construir un espigón perimetral el que se comenzó
paralelamente por los extremos izquierdo y derecho del varadero. Una vez que se
encontraron en el centro los dos espigones, se comenzó a secar el área Interior así
generada.
El problema fue que una vez que se secó el área de trabajo se observó que ella estaba
enteramente cubierta por una capa de Sipa de algunos metros de profundidad. Tres a seis
metros probablemente
La Sipa es una especie de fango bastante líquido de color casi negro y ligeramente
hediondo. Resultó ser tan viscosa y suelta que se tragaba las máquinas de movimiento de
tierras con las que se intentaba extraerla para llegar al terreno firme que había bajo ella.
Así, cada máquina que se metió a retirar la Sipa fue invariablemente tragada por ella y
desapareció bajo bajo el manto de Sipa hasta que varios dias despues logramos
recuperarlas.
Cada máquina que se metía a retirar la Sipa era tragada y desaparecía ante el asombro de
todos. Enormes máquinas de movimiento de tierras desaparecían enterradas en ese suelo
maldito.
Ante este grave contratiempo la recomendación fue contratar una Caterpillar de oruga
muy ancha, máquina que resultó ser que un verdadero mosquito de grandes dimensiones
que efectivamente fue capaz de desplazarse sobre la sipa y comenzar a removerla.
Al cabo de unos veinte minutos de trabajo exitoso, de pronto el inmenso mosquito
desapareció tragado por la Sipa y solo con gran dificultad se logró salvar la vida de ese
operador que con toda confianza y soltura estaba deslizando su maquina sobre la capa de
Sipa.
Entonces se estaba sobre un enorme colchon de Sipa que impedía progresar en la
construccion del varadero.
Para resolver la situación decidimos construir varios espigones paralelos entre sí,
partiendo con cada uno de ellos desde la playa. Para construirlos llegaban camiones que
vaciaban piedra y arena contra el borde de Sipa y una vez que se habia acumulado
suficiente material metíamos sobre él una máquina retroexcavadora de orugas. Al pisar la
piedra y arena que habíamos tirado sobre la Sipa la máquina iba generando el espigón.
Ella avanzaba sobre el espigón recogiendo Sipa a cada lado y adelante de ella y cargando
la Sipa en los camiones que entraban en retroceso por el espigón hasta ponerse al alcance
de la pala de la retroexcavadora.
Despues la maquina se retiraba del espigón y nuevos camiones vaciaban mas piedra y
arena, Sipa adentro, desde la cabeza del naciente espigon. Entonces la retoexcavadora
volvia a ingresar al espigón y a su paso compactaba la piedra y arena que se habia
agregado, con lo cual lograba alargar el espigon.
Así, al cabo de una semana logramos secar completamente el fondo de esas dos canchas
de fútbol.
Esto nos permitió empezar a hincar los pilotes para después a construir sobre éstos las
vigas de 200 m de longitud sobre las cuales había que poner los rieles sobre lo que se
desplazarían los carros en los que se apoyaria la gabarra al ser sacada del agua.
En paralelo tuvimos que diseñar y construir cada uno de seis carros de acero inoxidable,
cada uno de diez metros de largo y ocho de ancho, con capacidad de soportar 1200
toneladas de carga.
Para dirigir esta obra pasé casi 60 días, desde antes de las siete de la mañana hasta
después de las 10 de la noche, la mayor parte del tiempo bajo un sol inclemente y
temperaturas cercanas a los 40º Celcius.
Con una capucha tipo árabe y bebiendo varios litros de gatorade al día, me mantuve
incansable en mi proposito de construir en un mes una obra cuya construccion deberia
tomar 20 a 30 meses.
Lamentablemente no me pude quedar hasta el último día porque cuando faltaba muy
poco para terminar de construir las estructuras de concreto recibi la noticia de que el
Banco de Marcaibo había embargado todas las obras que Koyaike ejecutaba en el estado
Zulia, situacion legal en la que yo, la máxima autoridad y el representante legal de
Koyaike, no tenía ninguna experiencia.
A raiz de ello y a pesar de que esa noche tenía un compromiso amoroso que con ello se
frustró, lo cual jamás he terminado de lamentar, arranqué hacia el aeropuerto de La
Chinita y logré tomar el ultimo vuelo de ese dia a Caracas para reunirme esa noche con
Clérico para definir cómo manejar la situación en la que nos puso el banco.
Al dia siguiente se supo que por una grave crisis financiera habían quebrado casi todos los
bancos de Venezuela y entonces comprendí que, antes de quebrar y sin tener derecho a
hacerlo, uno de ellos tuvo el cuidado de embargar todas las obras que Koyaike ejecutaba
en el estado Zulia y de lo cual el varadero se salvó por que era propiedad de otra
empresa que yo había creado al efecto y era financiado por otra empresa bajo mi control,
todo esto dentro del gambito que yo desarrollaba para dar jaque mate a Clérico cuando
ello fuera necesario, lo que ocurrió ocho años después.
Con la quiebra de los bancos se desató un caos difícil de describir.
Para mí no sólo fue imposible encontrar al señor Clérico al día siguiente sino que durante
la mañana de ese día las noticias hacían saber que el gobierno había decidido hacer presos
a todos los directores de banco y a todos los directores de las empresas que debían
importantes sumas a los bancos que habían quebrado, entre la cuales se encontraba
Koyaike.
Cabe mencionar que Clérico era director del Banco Latino, el más grande de los bancos
que quebraron y que a través de diversas empresas era probablemente el más grande
deudor del sistema bancario nacional.
Esa noche la televisión mostraba a la policía entrando en el departamento de Juan
Francisco, el único hijo de Clérico, se refería a él como a un delincuente y mostraba los
documentos personales y el pasaporte de Juan Francisco que si bien había alcanzado a
escaparse no había alcanzado a llegar hasta su domicilio para tomar sus documentos
personales para llevárselos consigo.
El presidente del Banco Consolidado logró escapar de la sede del banco escondido dentro
de la maleta del automovil de uno de sus amigos.
Al día siguiente por indicación de mi abogado me dirigí al aeropuerto de Maiquetia para
intentar volar hacia Miami escapando así de Venezuela y de la instrucción que había en
todos los policías de detener a los directivos de los grandes acreedores de los bancos
quebrados.
Afortunadamente la policía de Venezuela nunca ha sido ni agil ni eficaz y entonces todos
quienes consideramos necesario ausentarnos del país hasta que pasara la crisis pudimos
hacerlo cómodamente.
Yo vivía entonces, con Graciela y con nuestra única hija María Claudia, en una hermosa
casa que poseía en la parte alta de la Castellana, uno de los enclaves más hermosos y
cotizados de Caracas.
Cuando iba camino desde mi casa hacia el aeropuerto, al pasar por el costado de la plaza
Altamira tuve la inmensa suerte de observar que sentada en uno de los bancos de la plaza
estaba Irisnorth, la hermosísima joven de quién yo estaba empezando a enamorarme y
con quien luego mantuve durante mas de treinta años un amor apasionado y maravilloso.
Detuve el carro y la invité a irse conmigo. Me dijo que no podía hacerlo porque no tenía
pasaporte. Nos despedimos apasionadamente y seguí camino hasta Miami donde me
mantuve alrededor de una semana hasta que mi abogado me avisó que ya estaban dadas
las condiciones para regresar con seguridad.
Tres días después de estar de vuelta en Caracas mi abogado me hizo ver la necesidad de
escapar nuevamente del país y entonces me fui una vez más a pasar unos días en Miami
disfrutando de mi ciudad preferida en todo el mundo.
Ante la grave situación en que se encontraba el país y el enorme riesgo que esta situación
financiera representaba para las personas que teníamos activos a título personal, me vi en
la obligación de poner en venta la hermosa casa que tenía en la Castellana y de irme a vivir
con Graciela y nuestra hija a un departamento alquilado en El Cafetal.
Después de mi segundo regreso pude reunirme con Clericó para definir la estrategia a
adoptar ante la deuda que manteníamos con los bancos que habían quebrado.
Cabe mencionar que cuando quiebra un banco sus deudores quedan en ventajosa
posición porque pueden negociar con los acreedores del banco y entonces cambiar la
deuda por el pago en efectivo de una parte menor de ella. En esa oportunidad cerramos
toda nuestra deuda por alrededor del 30% de su valor nominal.
La construcción del varadero se terminó completamente en un lapso de 60 días calendario
después de los cuales empezamos a sacar una tras otra las 12 gabarras que reparamos
dando cumplimiento al contrato en el plazo de 12 meses convenido para ello.
Esto probablemente es el milagro más grande que logré realizar en mi vida profesional:
construir un varadero en ese lapso tan breve y reparar todas esas embarcaciones dentro
del plazo contractual sin tener ninguna experiencia en ninguna de esas tareas.
Fue toda una epopeya de la cual me enorgullezco.
El varadero siguió funcionando durante varios años, reparó numerosas gabarras la mayor
de las cuales fue una de Vinccler, la empresa de Clerico cuyo hermano Fidel se negó a
pagarnos el trabajo sin más razón que la costumbre que tenía de abusar de sus
proveedores.